Tuesday, November 01, 2005

¡DEMONIOS!

A las 22 horas y 10 minutos del 29 de Octubre, el sistema del señor F colapsó. Apenas pudo ponerse a medias el pantalón del traje MadMaxHellraiser que había preparado para lo que pensaba sería una noche de espantos larga, una noche de ficción en donde podría ser otro. Otro, pero real al fin y al cabo.

Pero los demonios tomaron delantera, de hecho el señor F había sentido, sin darle mucha importancia, como ellos lo rondaban desde algunos días atrás, como una mano fría tocaba su hombro izquierdo y sus ojos se nublaban cada cuanto. No soy presa fácil, nunca lo he sido – pensó.

Trató de resistirse con una sonrisa, la sonrisa de la confianza, pero se convirtió en mueca una vez su cuerpo se desplomó en la alfombra. El sonido que hizo al caer no concordó con el que probablemente produciría alguien de su peso, aunque tal vez en ese momento se había sincronizado con el golpe de batería de una canción, canción que poco tiempo después, se fundió con los ruidos producidos por los fluidos vitales que querían escapar con impaciencia. Fue lo único que le produjo terror, el ver su sangre trepando por las paredes buscando salida en el techo, era extraño porque el rojo nunca le molestó ni mucho menos le aterró, todo lo contrario, pero si le asustaba el sentirse drenado y vacío. Vacío sobre todo.

Por lo demás fue placentero. Fue placentero morir una y otra vez, fue placentero sentir como su mascota se alimentaba de él, fue delicioso pertenecer al reparto (o utilería?) de la tercera parte de Nekromantik, fue agradable rodar por una carrera séptima que tenía 45 grados de inclinación, fue entretenido ver como el señor B que cobraba el arriendo, entraba y salía del apartamento buscando a F mientras él se hacía invisible, fue gracioso ver a la vaca del otoño del patriarca asomada por el balcón presidencial y ver además al gato de Amarilla en las nubes, fue tranquilizador escuchar al niño manejar el triciclo por los corredores y al hacha destrozando la puerta.

Fue placentero hasta que todo se fue, ¿a donde?, vaya usted a saber donde diablos. Y F se quedó… en la morada de sus demonios.

¡¡Demonios!!

F abrió los ojos. La voz chillona de una mujer lo aturdió.
Eres un incapaz!, lo sabía, ahora me dejas en esta casa a punto de caerse y en este calor, me prometiste y ahora… – Gritó la mujer.
¿Prometí qué? ¿Por qué hay tantas pulgas en esta cama? – Contestó F, luego cerró los ojos otra vez.

F!!! despertáte que ya hay como 300.000 personas esperando!
¿Esperando que? -
dijo F.
Güevon!, estamos en plena plaza, tenés un discurso en 5 minutos y vos durmiendo encima de la consola!?.- respondió P.
¿Y acaso que quiere toda esa gente? ¿Y usted desde cuando habla como caleño? – después de pronunciar esto F miró a su alrededor y volvió a dormir.

Al abrir los ojos de nuevo, la luz que entraba en la tienda de campaña lo encegueció. Un soldado le susurró al oído: Tranquilícese, tómese un par de Martínis, cinco Bravas, una botella de ron y métase estas veintipico líneas que la guerra terminó. Aunque tiene que saber que una mina le voló las piernas.
¿La guerra contra quien? ¿Cuales piernas, las mías? - Preguntó F tratando de reconocer la cara del militar.
Eso ya no importa, ni lo uno ni lo otro – contestó el soldado – beba, beba y meta más bien.
La luz era insoportable y F volvió a dormir.

Despertó de nuevo, esta vez lentamente y sin sobresaltos. La cama del hospital le pareció demasiado larga y le pareció además que había demasiadas camas, todas vacías. Esta vez nadie le habló, solo sintió una calida presencia. Era M, la única mujer que había amado en su vida, la única mujer que lo había amado, que al parecer lo amaba aún. Llevaba los labios rojos, rojos!! EL ROJO!, lo que había estado buscando en sus delirios!, la sangre que volvía a su cuerpo! y la impaciencia y la tristeza de no poderle responder. Ella: hermosa, brillante y presente como siempre. F: nebuloso y distante, escurridizo y solitario. El señor F pensó en decirle: es como la canción de Tacvba: “Que no es por M, es por mí”. Pero no. Le había dicho tanto ya, le había huido tanto con sus palabras y sus actos que pensó que podría dañar ese rojo que le hacía bien en ese momento. Y hacerle además daño a ella.

Una cama más allá apareció su mamá y su papá saludando con las manos, tres camas más y estaban sus hermanos, cinco camas y aparecieron sus amigos, nueve camas más: unos amables desconocidos, otras camas más y estaban Nietszche, Yorke y Fellini encabezando una multitud larga. Muchos colores aparecieron pintando las paredes. Azules, verdes, amarillos y un radiante naranja escrito con C del que tarde se percató y ya se le había escapado por una ventana. Que lástima, que bueno hubiera sido que el naranja pintara más de mis días, se dijo.

La gente empezó a salir. F, aunque sereno y lleno de sangre, tuvo el impulso de gritar desde su cama: ¡No me dejen, no me dejen por favor!, pero algo lo retuvo y con una sonrisa inundó de confianza y tranquilidad a los que se despedían. Al verse fortalecido y cuando hubo salido la última persona, pensó: No soy presa fácil demonios!, nunca lo he sido.

Apenas había puesto un pie en el piso cuando F sintió como una mano helada le tocaba el hombro izquierdo al tiempo que un escalofrío recorría su cuerpo.

FRK


Un borrador. Como todo en la vida.

Posted by Frank at 10:58 AM

3 Comments

  1. Anonymous Anonymous posted at 12:32 PM  
    Aja! Mr. F Again. Pilas con los excesos. Aunque...

    Cuando es el próximo trip?
  2. Blogger wintermute posted at 6:34 AM  
    Me recuerda un cuento de.. joder.. no recuerdo... Larry Niven, creo..
    Un saludo
  3. Blogger Mal Ladrón posted at 4:22 PM  
    Un borrador en el que, como en la vida, se anhelan unas cosas y otras se deliran y otras se escapan y algunas se pierden para siempre y otras duelen y otras se comprenden y otras no. Hace poco me salió algo que creo similar y que sería bacano que pillaras:

    http://elmalladron.blogspot.com/2005/10/quiquiriqueo-en-tiempo-perdido.html

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